Al final del día, cuando se apagan las luces y todo queda en silencio, a veces la mente se niega a descansar. Las preocupaciones que logramos apartar durante el día vuelven con fuerza: lo que no salió bien, lo que debemos resolver mañana, los miedos que no nos atrevemos a confesar. El cuerpo pide descanso, pero el alma sigue inquieta.
Dios conoce nuestro cansancio. Él nos creó con necesidad de sueño, y cada noche es una invitación a soltar el control, a confiar. Dormir es un acto de fe: cerrar los ojos sabiendo que no todo depende de nosotros, que podemos entregar la noche y despertar renovados por su gracia.
Entregar la noche a Dios.
Antes de dormir, podemos hacer algo muy sencillo pero profundo: poner el día en las manos de Dios. Lo vivido, lo que salió mal, lo que quedó pendiente. Y también la noche que comienza, con su oscuridad y su silencio.
No se trata de resolver todo antes de acostarnos. Se trata de reconocer que hay cosas que no podemos controlar, que hay preocupaciones que no se solucionan dándoles vueltas en la cabeza. La oración nocturna nos ayuda a soltar, a descansar de verdad, a confiar en que Dios vela mientras nosotros dormimos.
Oración principal para dormir en paz.
Esta oración recoge el espíritu de confianza que atraviesa toda la Escritura, especialmente las palabras de Jesús sobre no inquietarnos por el mañana:
Señor, Dios mío,
llega el final de este día
y vengo a ti cansado, necesitado de descanso.Te entrego todo lo vivido:
mis alegrías y mis fracasos,
mis palabras y mis silencios,
lo que hice bien y lo que pudo ser mejor.Te entrego también esta noche:
mis preocupaciones y mis miedos,
lo que no puedo resolver,
lo que me quita el sueño.Tú dijiste: «No andéis agobiados por el mañana,
que el mañana traerá su propio agobio.»
Ayúdame a soltar, Señor,
a cerrar los ojos con confianza,
sabiendo que Tú cuidas de mí.Concédeme un sueño tranquilo,
libre de pesadillas y sobresaltos.
Que mi cuerpo descanse
y mi alma encuentre paz en ti.Protege a los míos,
vela por quienes amo,
y dame la gracia de despertar mañana
con fuerzas renovadas para servir.En tus manos encomiendo mi espíritu.
Amén.
Oración basada en el Salmo 4 para el descanso.
El Salmo 4 termina con una de las expresiones más hermosas de confianza para dormir. Esta oración se inspira en sus palabras:
En paz me acuesto y enseguida me duermo,
porque Tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.Aunque el día haya sido difícil,
aunque tenga el corazón inquieto,
confío en ti.Tú eres mi refugio y mi fortaleza.
A tu sombra descanso sin temor,
porque sé que me guardas.Aparta de mí los pensamientos que me turban,
las imágenes que me angustian,
y concédeme la gracia del descanso.En paz me acuesto, Señor,
porque Tú velas por mí.
Amén.
Oración para soltar las preocupaciones.
Hay noches en que las preocupaciones pesan demasiado. Esta oración, inspirada en la invitación de Jesús a echar nuestras cargas sobre Él, nos ayuda a soltarlas antes de dormir:
Señor Jesús,
traigo ante ti todo lo que me inquieta:
el trabajo que no termina,
la persona que me preocupa,
la decisión que debo tomar,
el miedo que no me deja en paz.Sé que mañana seguirán ahí estas cosas,
pero esta noche te las entrego.
No puedo cargar con todo yo solo.
Tú dijiste: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados.»
Aquí estoy, Señor, agobiado y cansado.Toma Tú lo que yo no puedo resolver.
Dame la paz de saber que no tengo que controlarlo todo,
que puedo descansar
mientras Tú sostienes mi vida y la de los míos.Que mi último pensamiento antes de dormir
no sea una preocupación,
sino un acto de confianza en ti.Amén.
Descansar con confianza
La noche nos invita a hacer algo que cuesta mucho en este mundo: rendirnos. No en el sentido de la derrota, sino en el sentido de la confianza. Reconocer que somos limitados, que necesitamos descanso, que no podemos sostenerlo todo.
Dormir en paz no significa que todos nuestros problemas desaparezcan. Significa entregarlos antes de cerrar los ojos, confiar en que Dios no duerme y que su amor nos sostiene incluso cuando perdemos la consciencia.
Algunas noches será fácil. Otras, costará más. Pero cada vez que rezamos antes de dormir, estamos haciendo un acto de fe: estamos diciendo que nuestra vida no depende solo de nosotros, que hay Alguien más grande velando, cuidando, acompañando.
Que el Señor te conceda un descanso profundo y reparador. Que tu sueño sea tranquilo y tu despertar, lleno de esperanza. Que puedas cerrar los ojos con la certeza de que estás en las manos de Dios, hoy y siempre.
Duerme en paz.
Amén.

Deja una respuesta